Abrirse una vez Más

Es difícil volverse a abrir ante alguien cuando la única cosa que te mantuvía viva era el estar sola contigo misma, porque así estabas mejor. Better off alone, ¿recuerdas?
¿Recuerdas que nos prometimos estar solo para nosotras? ¿Que aprenderíamos a ser feliz a nuestra manera? ¿Qué juramos no volver a buscar otros ojos hasta que supiéramos a andar con nuestros propios pies? Sin embargo, alguien llegó mientras caminábamos absortas en nuestros pensamientos. Lo saludamos cordialmente con la mano y seguimos andando. Pero el nos siguió, nosotras no fuimos groseras y entablamos conversación con él. Concordamos en que era interesante, y cuando regresamos a nuestra cama, no paramos de pensar en él. A la mañana siguiente tampoco, y cuando salimos de la realidad en avión, seguíamos pensando en la manera que convertía las palabras simples a enunciados de interés desde sus labios. 

Siguió con su pequeño juego de caminar junto a nosotras, a veces hasta dos veces por día. Nos sonrojábamos y apartábamos la mirada. Jugábamos haciendo muecas como pequeños niños. De pronto, un día llamó a nuestra puerta. Era de noche, la luz de los faroles se derretían sobre sus cabellos rebeldes. Sus ojos se clavaron firmemente en los nuestros. Vi algo en ellos... hasta el día de hoy no sé qué... pero aún me desconcierta. 
¿Qué íbamos a hacer? ¿Lo íbamos a dejar pasar? ¿Dejarlo ver nuestro suelo, nuestras paredes con sus esquinas, la unión de la penumbra y la luz, los espacios vacíos y sus grietas? 

"No lo conocemos", te dije. 

"Tampoco conocíamos a la última persona que entró aquí, y mira el viaje que fue", respondiste.

"Solo recuerdo un infierno con pequeñas lagunas salteadas".

"Gracias a eso eres la persona que eres hoy. Gracias a eso estamos hoy aquí".


Lo medité por un momento. Es cierto que ya no pienso mal del pasado, que no tengo problema alguno con el, o cuentas que saldar. Pero también es cierto que me aterra volver a entrar en un ciclo vicioso donde el fin siempre será el mismo, pensé. Mis manos temblaron,  me envolví con mis brazos, mordí mi labio inferior y me dejé caer. 

"¿Y si me hace daño? ¿Qué pasa si no puedo seguir a la mitad del camino? ¿Qué pasa si al final vuelvo a odiar? ¿Y si es un farsante? ¿Si solo me quiere para acabar con su soledad? ¿Qu-"

"Puede ser"- dijiste interrumpiendo - "Puede ser todo eso y peor. Pero no lo sabremos si no le das la oportunidad."

"No puedo..."

"Pequeña, claro que puedes. " - te agachaste frente a mi - "Comprendo tus temores, pero no podemos vivir siempre encerradas. A veces, tienes que abrirte aunque la estancia se haga desagradable. Si es que se hace desagradable. La vida es un constante clavado al vacío." - pusiste tu mano en mi barbilla y alzaste mi cara - "yo estaré aquí siempre para ti".

Me limpié las lágrimas con la palma de mano y los dedos. Tomé un respiro profundo y me incorporé. Lo miré a los ojos. Sus ojos eternos. Me volví a morder el labio. Sentía como los ojos se volvían a llenar de agua. Los cerré. Tome la segunda respiración profunda de la noche. Cuando el aire salió despacio, abrí los ojos de par en par. Esbocé una pequeña sonrisa. Abrí la vieja puerta de madera lo suficiente para que el pudiera pasar. Solté mi brazo para dejarlo entrar, y me volteé para ver como entraba a la casa. 



Así fue como un 27 de febrero volvió a avanzar el reloj. 




-Padme

Lili Sofía

Cinéfila hasta la médula y fanática de lo irreal en la realidad.

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