Polarizar y Paraísos

Gente sueña con playas, bosques, montañas. Un hogar, estabilidad, amor. Ella soñaba con paraísos. Las personas dicen que debes de ser fuerte para poder enfrentar tus problemas, en cambio, yo aprendí a ser fluida: Dejar que las cosas vengan, respirar profundamente y absorberlas, para después dejarlas salir despacio, con cuidado. Ser fluido.

Gente disfruta de su monotonía, de recorrer los mismos caminos y ver las mismas personas. Ella soñaba con cincuenta mundos diferentes. Su alrededor le había dictado su deber: Polarizar. ¿Si no puede polarizar?, preguntas, entonces baja la cabeza y regresa cuando hayas vuelto a meter las inquietudes en el pozo. 
Nunca alguien se cuestionó si ella aceptaba la tarea, o si prefería ser otro tipo de utensilio, quizá uno menos difícil de ser. Pero ella estaba cansada de polarizar gente muerta. Estaba cansada de ser pilares, chispas, la ayuda disponible a todas horas; el utensilio que todos usaban sin agradecer. 

Ella soñaba con paraísos y diferentes mundos, soñaba con el sabor a libertad y poder sentir tantos colores bajo su sensible piel. La vi desearlo tan fuerte, que a veces la encontraba viendo el techo de su habitación absorta en ésa vida. No solo quería llevar su mente ahí, también su cuerpo, así que vestía vestidos y faldas de diferentes tamaños, colores y a veces de flores. Era su manera de acercar el cuerpo al verdadero mundo donde pertenecía: Vistiendo las libertades que añoraba. 

Era una pobre niña intentando ser fluida (como yo le había enseñado), atrapada entre lazos familiares rotos, amistades incompletas, sin ningún talento... Solo era el utensilio que todo el que acababa conociéndola, al final usaría. 
Insatisfecha y con su cuerpo poco femenino, le hubiera gustado agarrar sus cosas e irse. Tomar el camino rocoso cuesta arriba mientras comía una hogaza de pan. ¿Pero qué es una vida a base de huidas? Seguro, ella huía horas durante los días a sus mundos, sin embargo la vida real es un juego diferente. 

Hay seres que creen en la espiritualidad, en la elevación, en el tercer ojo, en la meditación. Ninguna de nosotras dos tiene problema alguno con esas creencias, pero ella, más bien, creía en el existir en ése paraíso, en ese mundo perfecto, en mente, alma y cuerpo. Ella lo cree tan tangible como la Tierra, con plantas y sus aromas, con animales y sus instintos y con cielos llenos de sol, lunas, nubes. Se ve agachada hundiendo sus blancas manos en la tierra mojada, sintiendo su suavidad y frialdad. Huele los pinos y sus cortezas, siente la claridad del sol en sus brazos y piernas desnudas... Así, por fin desprendiéndose del deber impuesto.

Desgraciadamente solo son sueños. 

-Padme

Lili Sofía

Cinéfila hasta la médula y fanática de lo irreal en la realidad.

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